Dos capitales, dos preguntas distintas
Continente: la casa en sí
Paredes, techos, suelos, instalaciones, lo que está fijo. Su capital responde a una sola pregunta: ¿cuánto costaría reconstruirla hoy, con materiales y mano de obra de hoy? Ni lo que costó, ni lo que vale en el mercado.
Contenido: todo lo que se mueve
Muebles, ropa, electrodomésticos, cocina montada, libros, herramientas. La regla del mostrador: imagina la casa boca abajo — todo lo que caería es contenido. Siempre suma más de lo que uno dice de memoria.
Por qué el valor de compra engaña
En el precio que pagaste va incluido el suelo — y el suelo no se quema, no se inunda y no se asegura. En zonas donde el terreno pesa mucho en el precio, asegurar por valor de compra o de mercado infla el capital del continente y pagas prima por nada. El error contrario es más caro todavía: asegurar por lo que queda de hipoteca, que es la medida de tu deuda con el banco, no la de reconstruir tu casa. Reconstruir cuesta lo que cuesta la obra, debas lo que debas.
La regla proporcional, en cristiano
Si aseguras la casa por la mitad de lo que cuesta reconstruirla, la aseguradora entiende que solo le has confiado la mitad del riesgo — y en un siniestro paga en esa misma proporción. No hace falta que la casa arda entera: es la trampa del infraseguro, que no se nota en los siniestros totales (que casi nunca pasan) sino en los parciales (que pasan cada semana).
Cómo se fijan bien los capitales
- Continente: metros construidos por coste de construcción de la zona — la cuenta que hacemos contigo en cinco minutos, no una cifra heredada de la póliza anterior.
- Contenido: paseo mental habitación por habitación, con especial memoria para lo que no se ve — armarios, trasteros, la cocina montada.
- Objetos de valor especial (joyas, arte, colecciones): declararlos aparte, porque las pólizas les ponen límites por objeto si no constan.
- Revalorización automática activada, para que los capitales suban solos con los costes y la póliza no envejezca.
- Tras una reforma importante, avisar: una cocina nueva o una ampliación cambian las dos cifras.
Nuestro papel
Cuando nos llega una póliza de fuera para comparar, los capitales son lo primero que miramos — antes que el precio, porque un seguro barato con capitales cortos no es barato: es pequeño. Tráela y hacemos las dos cuentas con datos de tu casa; si está bien medida, te lo decimos y te la quedas. Y el sobreseguro también lo señalamos: pagar prima por capital de más tampoco tiene premio, porque la aseguradora indemniza el daño real.
Preguntas frecuentes
¿El banco no fija ya el capital con la hipoteca?
El banco exige un seguro de daños por el valor de tasación a efectos de incendio — su interés es la deuda. Tu interés es reconstruir y reamueblar tu casa. Son medidas distintas, y la póliza debe medirse con la tuya cumpliendo la exigencia del banco de paso.
¿Un piso también tiene continente, si el edificio es de la comunidad?
Sí: dentro del piso, suelos, alicatados, instalaciones y reformas son continente tuyo, y la póliza de la comunidad cubre lo común con sus propios límites. Coordinar las dos —sin huecos ni duplicidades— es parte de fijar bien el capital.
¿Cómo sé cuánto vale mi contenido sin volverme loco?
Con un método, no con memoria: repaso por habitaciones, fotos de lo importante y una cifra global realista. Las fotos, además, valen oro el día del siniestro. Te guiamos en el repaso cuando hacemos la póliza — es más rápido de lo que parece.
¿Y si me pasé asegurando de más?
El sobreseguro no multiplica la indemnización: la aseguradora paga el daño real como máximo. Solo encarece la prima. Si detectamos capitales inflados —pasa mucho con pólizas antiguas revalorizadas sin control— lo ajustamos a la baja y la prima lo agradece.

